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Andar hacia atrás después de un ictus: cómo mejorarlo

Cuando hablamos de recuperar la marcha después de un ictus, casi siempre pensamos en andar hacia delante.

Pero hay otro movimiento que utilizamos constantemente sin apenas darnos cuenta: dar un paso hacia atrás.

Lo hacemos para abrir una puerta, alejarnos de una mesa, movernos dentro de una cocina, sacar algo de un armario, cambiar de dirección o simplemente recolocarnos cuando estamos de pie.

Después de un ictus, este movimiento aparentemente sencillo puede convertirse en una tarea compleja.

Y es que andar hacia atrás después de un ictus no consiste únicamente en llevar una pierna hacia atrás. Requiere equilibrio, transferencia de peso, movilidad, coordinación y capacidad para controlar cada pierna de forma diferente dentro de una misma tarea.

Por eso, cuando cuesta dar un paso hacia atrás, repetirlo una y otra vez no siempre es el mejor punto de partida.

Primero necesitamos descubrir qué parte del movimiento está fallando.

¿Por qué puede costar andar hacia atrás después de un ictus?

Dar un paso hacia atrás exige resolver varias tareas prácticamente al mismo tiempo.

Una pierna tiene que aceptar y controlar el peso corporal mientras la otra se libera para desplazarse.

La extremidad que realiza el paso necesita moverse hacia atrás manteniendo suficiente separación del suelo, mientras pelvis, cadera, rodilla y tobillo se coordinan para colocar nuevamente el pie.

Además, todo esto ocurre sin poder utilizar la información visual de la misma manera que cuando avanzamos hacia delante.

Después de un ictus pueden existir déficits de fuerza, equilibrio, sensibilidad, movilidad, coordinación o control motor que dificulten alguna de estas acciones.

Por eso dos pacientes que tienen dificultades para dar un paso hacia atrás pueden tener problemas completamente diferentes.

El primer requisito: confiar el peso a la otra pierna

Antes de mover una pierna hacia atrás tenemos que ser capaces de permanecer sobre la otra.

Parece evidente, pero clínicamente es muy importante.

Imaginemos que queremos llevar hacia atrás la pierna derecha.

Antes de hacerlo necesitamos transferir suficiente peso hacia la izquierda y confiar en que esa extremidad será capaz de mantenernos estables mientras movemos la derecha.

Después de un ictus pueden aparecer asimetrías en la distribución del peso y alteraciones del equilibrio y del control postural.

Si el paciente no se siente estable sobre la pierna de apoyo, puede reducir el tamaño del paso, acelerar el movimiento, agarrarse, compensar con el tronco o directamente evitar dar el paso.

Por eso, algunas dificultades que aparentemente vemos en la pierna que se mueve pueden tener parte de su origen en la pierna que se queda apoyada.

Flexionar la rodilla mientras la pierna se desplaza hacia atrás

Otro componente interesante es la capacidad para coordinar cadera y rodilla.

Para llevar el pie hacia atrás necesitamos adaptar simultáneamente el movimiento de diferentes articulaciones.

En algunos pacientes después de un ictus esta coordinación puede estar alterada debido a déficits del control motor, debilidad, alteraciones del tono u otros problemas neuromusculares.

Por ejemplo, una persona puede ser capaz de flexionar la rodilla cuando está sentada y, sin embargo, tener muchas más dificultades para utilizar esa flexión dentro de una tarea funcional en bipedestación.

Esto nos recuerda algo que ya hemos comentado en otros artículos de Neuremik:

poder realizar un movimiento de forma aislada no significa necesariamente poder utilizarlo correctamente durante la marcha.

Una pierna rígida también puede dificultar el paso hacia atrás

Si la rodilla permanece excesivamente extendida mientras intentamos llevar la extremidad hacia atrás, el pie puede tener dificultades para desplazarse y colocarse adecuadamente.

El paciente puede buscar entonces otras soluciones.

Puede elevar la pelvis, inclinar el tronco, realizar movimientos adicionales con la cadera o reducir mucho la longitud del paso.

Sin embargo, no debemos asumir que una pierna que visualmente parece rígida significa automáticamente que existe espasticidad.

Después de un ictus pueden intervenir diferentes factores: alteraciones del control motor, debilidad, restricciones de movilidad, actividad muscular inapropiada o estrategias compensatorias.

Por eso debemos analizar por qué aparece esa rigidez durante la tarea concreta antes de decidir cómo tratarla.

El equilibrio es una parte fundamental del paso hacia atrás

Andar hacia atrás también supone un reto para el control postural.

Cuando avanzamos normalmente disponemos de abundante información visual sobre el espacio hacia el que nos dirigimos.

Al retroceder, esa información es más limitada.

Tenemos que controlar nuestro cuerpo mientras desplazamos el centro de masas y colocamos el pie en un espacio que no estamos observando directamente de la misma manera.

Después de un ictus, cuando además pueden existir déficits sensitivos, propioceptivos, visuales o de equilibrio, la dificultad puede aumentar.

Por eso el entrenamiento del paso hacia atrás no debería entenderse únicamente como un ejercicio de pierna.

Es también una tarea de equilibrio y control postural.

Las guías actuales de rehabilitación después del ictus recomiendan valorar el riesgo de caídas y utilizar programas específicos de entrenamiento del equilibrio cuando existen déficits en esta capacidad. [1]

¿Tiene sentido entrenar la marcha hacia atrás después de un ictus?

Sí, en pacientes adecuadamente seleccionados y con las medidas de seguridad necesarias.

De hecho, la marcha hacia atrás se ha estudiado específicamente como estrategia de rehabilitación después del ictus.

Una revisión sistemática con metaanálisis publicada en 2025 analizó ensayos aleatorizados en personas que habían sufrido un ictus.

Los autores encontraron evidencia de calidad moderada de que el entrenamiento de marcha hacia atrás produjo una mejoría de la velocidad de marcha similar o ligeramente superior al entrenamiento hacia delante. Sin embargo, los resultados sobre otros parámetros, como cadencia y longitud de zancada, fueron menos precisos y todavía existe incertidumbre sobre cuánto se mantienen los beneficios después de finalizar el entrenamiento. [2]

Una revisión sistemática anterior también encontró resultados favorables en variables relacionadas con la marcha y el equilibrio, aunque la calidad de la evidencia variaba considerablemente según la variable estudiada. [3]

Por tanto, podemos considerar la marcha hacia atrás una herramienta que puede formar parte del tratamiento, pero no un ejercicio universal que todos los pacientes deban realizar.

No se trata simplemente de andar hacia atrás muchas veces

Este punto es importante.

Si un paciente apenas puede transferir el peso sobre una pierna, pierde el equilibrio o necesita realizar grandes compensaciones para llevar el pie hacia atrás, pedirle simplemente que repita el movimiento muchas veces puede no ser la estrategia inicial más adecuada.

Podemos analizar la tarea y dividirla en componentes.

Por ejemplo:

  • transferencia de peso
  • control de la pierna de apoyo
  • equilibrio en bipedestación
  • extensión de cadera
  • flexión de rodilla
  • control del tobillo
  • desplazamiento del pie
  • longitud y dirección del paso
  • coordinación entre ambas extremidades.

Después podemos trabajar específicamente aquello que está limitando la tarea y volver progresivamente al movimiento completo.

De lo sencillo a lo funcional

Una estrategia utilizada en rehabilitación neurológica consiste en adaptar la dificultad de la tarea a las capacidades actuales del paciente.

Si dar un paso completo hacia atrás todavía resulta demasiado complejo, podemos modificar las condiciones para facilitar determinados componentes.

A medida que mejora el control, aumentamos progresivamente la dificultad y volvemos a integrar esos componentes dentro de la tarea funcional.

El objetivo final no es conseguir que el paciente haga perfectamente un ejercicio aislado.

El objetivo es que pueda utilizar esa capacidad cuando realmente la necesita.

Por ejemplo, al retroceder para sentarse, abrir una puerta, desplazarse en un espacio pequeño o recuperar la posición después de realizar otra tarea.

Las recomendaciones actuales de rehabilitación después del ictus respaldan precisamente una cantidad e intensidad suficientes de práctica de tareas funcionales, adaptadas a las necesidades y objetivos del paciente. [1]

¿Por qué trabajar algo que utilizamos mucho menos que andar hacia delante?

Porque la marcha funcional no ocurre únicamente en línea recta.

En la vida real necesitamos:

  • arrancar y detenernos;
  • girar;
  • modificar la velocidad;
  • sortear obstáculos;
  • desplazarnos lateralmente;
  • dar pasos hacia atrás;
  • adaptarnos a espacios pequeños;
  • responder cuando perdemos estabilidad.

Una persona puede andar razonablemente bien por un pasillo y seguir teniendo importantes dificultades para desenvolverse de forma independiente en situaciones más complejas.

Por eso, a medida que progresa la rehabilitación, tiene sentido aumentar también la variedad de las tareas de marcha.

Andar hacia atrás y equilibrio: ¿qué dice la evidencia?

Existe evidencia específica sobre esta cuestión, aunque debemos interpretarla con prudencia.

Un metaanálisis sobre personas después de un ictus encontró mejoras en la escala de equilibrio de Berg asociadas al entrenamiento de marcha hacia atrás, aunque la certeza de la evidencia no era igual para todos los resultados analizados. [3]

Investigaciones posteriores también han encontrado mejoras en determinados parámetros de marcha y equilibrio tras programas que incorporaban entrenamiento hacia atrás, pero muchos estudios tienen muestras relativamente pequeñas. [4]

Por eso no podemos afirmar que andar hacia atrás vaya a mejorar el equilibrio de cualquier paciente.

Sí podemos decir que es una estrategia de entrenamiento que está siendo estudiada y que puede resultar útil dentro de programas individualizados de rehabilitación después del ictus.

Entonces, ¿cómo mejorar el paso hacia atrás después de un ictus?

La primera pregunta no debería ser:

“¿Qué ejercicio tengo que hacer?”

Debería ser:

“¿Qué me impide dar correctamente ese paso?”

¿Me cuesta mantenerme sobre la otra pierna?

¿No consigo desplazar suficientemente el peso?

¿La rodilla permanece demasiado rígida?

¿Tengo dificultades para llevar la cadera hacia atrás?

¿No sé dónde estoy colocando el pie?

¿Pierdo el equilibrio?

¿Tengo fuerza pero no consigo coordinar el movimiento?

La respuesta cambia completamente el tratamiento.

Una vez identificado el componente limitante podemos trabajar sobre él, aumentar progresivamente la dificultad y finalmente volver a integrarlo dentro del movimiento completo.

En resumen: para mejorar un paso, primero hay que entenderlo

Andar hacia atrás después de un ictus puede ser mucho más complejo de lo que parece.

Necesitamos controlar una pierna mientras descargamos la otra, transferir el peso, mantener el equilibrio y coordinar cadera, rodilla y tobillo mientras desplazamos el cuerpo en una dirección menos habitual.

Por eso, cuando el movimiento no aparece correctamente, hacer más repeticiones no siempre es la primera solución.

Podemos:

analizar el movimiento → identificar qué componente lo limita → facilitar ese componente → aumentar progresivamente la dificultad → volver a integrarlo en la tarea.

Esta forma de trabajar no sirve únicamente para andar hacia atrás.

Es una de las claves para entender la rehabilitación de la marcha después de un ictus: no entrenamos movimientos aislados porque sí; entrenamos capacidades que después necesitamos recuperar dentro de una función.

Rehabilitación de la marcha después de un ictus en Neuremik

En Neuremik analizamos la marcha y las capacidades funcionales de cada paciente para identificar qué factores están limitando su movilidad.

El objetivo no es únicamente conseguir que una persona ande más, sino trabajar aquellos componentes que pueden ayudarle a desenvolverse con mayor seguridad y autonomía en situaciones reales.

Si después de un ictus tienes dificultades para andar, desplazarte hacia atrás, realizar giros o desenvolverte en situaciones más complejas que andar en línea recta, puedes contactar con nuestro equipo para realizar una valoración.

Referencias científicas

[1] American Heart Association/American Stroke Association. 2026 Guideline for Adult Stroke Rehabilitation and Recovery. 2026.

[2] Menezes KK, Avelino PR, Ada L, Nascimento LR. Backward walking training is as effective as or better than forward walking training for improving walking speed after stroke: a systematic review with meta-analysis. Topics in Stroke Rehabilitation. 2025;32(5):531-543.

[3] Chen ZH, Ye XL, Chen WJ, et al. Effectiveness of backward walking for people affected by stroke: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. Medicine (Baltimore). 2020;99(27).

[4] Estudio controlado aleatorizado sobre entrenamiento mediante observación de la marcha hacia atrás en personas con ictus crónico, con evaluación de parámetros de marcha y equilibrio.

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