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Ejercicio después de un ictus: ¿Cuántas repeticiones?

Una de las preguntas que más escuchamos cuando una persona empieza a hacer ejercicio después de un ictus es aparentemente muy sencilla:

“¿Cuántas repeticiones tengo que hacer?”

¿10? ¿20? ¿100?

La respuesta depende de algo mucho más importante: qué queremos conseguir con ese ejercicio.

No es lo mismo entrenar la fuerza de una pierna que intentar recuperar un patrón de marcha, mejorar el control de una mano o conseguir que un movimiento que requiere muchísima concentración vuelva a realizarse de forma más automática.

En rehabilitación neurológica, hacer más repeticiones no siempre significa entrenar mejor. Pero tampoco debemos tener miedo a repetir. La repetición y la intensidad son componentes importantes del aprendizaje motor.

La clave está en entender qué estamos entrenando, cómo lo estamos haciendo y qué ocurre con la calidad del movimiento a medida que repetimos.

No todos los ejercicios después de un ictus tienen el mismo objetivo

Podemos simplificar el entrenamiento diferenciando dos grandes objetivos.

Por un lado, podemos utilizar el ejercicio para mejorar capacidades físicas como:

  • fuerza
  • resistencia muscular
  • capacidad cardiovascular
  • movilidad
  • tolerancia al esfuerzo

Por otro, podemos utilizar el entrenamiento para recuperar o mejorar una habilidad motora:

  • caminar
  • levantarse de una silla
  • controlar mejor la rodilla durante la marcha
  • alcanzar y coger un objeto
  • abrir la mano
  • mejorar la coordinación
  • subir un escalón
  • reducir determinadas compensaciones durante una tarea

Aunque ambos tipos de entrenamiento pueden combinarse, el objetivo no es exactamente el mismo y, por tanto, tampoco tiene sentido dosificarlos siempre de la misma manera.

¿Cuántas repeticiones hacer para ganar fuerza después de un ictus?

Cuando el objetivo principal es aumentar la fuerza, sí podemos utilizar principios similares a los empleados en el entrenamiento de fuerza convencional, siempre adaptados a la situación neurológica y cardiovascular de cada paciente.

Las recomendaciones de ejercicio después de un ictus contemplan el entrenamiento de fuerza como parte de la rehabilitación.

Como referencia general, pueden emplearse:

1–3 series de 10–15 repeticiones, trabajando los principales grupos musculares y ajustando progresivamente la resistencia.

Pero esto no significa que todas las personas que han sufrido un ictus deban empezar haciendo exactamente 3 series de 15.

La carga tiene que individualizarse.

El ejercicio debe suponer un estímulo suficiente para generar adaptación, pero permitiendo realizarlo de manera segura y con una técnica adecuada.

Si la resistencia es tan alta que desde las primeras repeticiones aparecen compensaciones importantes o la persona no puede controlar el movimiento, probablemente haya que modificar la tarea.

Y si el ejercicio resulta demasiado sencillo, será necesario valorar si conviene aumentar progresivamente la resistencia, modificar la posición o aumentar la dificultad.

Recuperar movimiento no es exactamente lo mismo que ganar fuerza

Aquí aparece una de las diferencias más importantes de la rehabilitación neurológica.

Imaginemos a una persona que tiene fuerza suficiente para levantar el pie, pero cuando camina no consigue hacerlo correctamente en el momento adecuado.

O una persona capaz de extender la rodilla, pero que durante la marcha pierde el control de esa articulación.

O alguien que puede mover el brazo de forma voluntaria, pero para alcanzar un objeto eleva excesivamente el hombro y desplaza todo el tronco.

En estos casos, aumentar únicamente la fuerza puede no resolver el problema.

El sistema nervioso tiene que aprender —o reaprender— a organizar el movimiento de una manera eficaz para una tarea concreta.

Por eso las guías actuales de rehabilitación del ictus recomiendan que el entrenamiento motor sea repetitivo, específico de la tarea, progresivamente adaptado, significativo y orientado a objetivos.

Repetición y neuroplasticidad después de un ictus

Nuestro sistema nervioso tiene capacidad para modificar su funcionamiento como respuesta a la experiencia y al entrenamiento. Es lo que conocemos como neuroplasticidad.

Después de un ictus, la rehabilitación intenta aprovechar esta capacidad mediante experiencias de movimiento y aprendizaje adecuadamente diseñadas.

La repetición tiene un papel importante.

Pero hay una diferencia entre repetir un movimiento y practicar una habilidad motora.

Si queremos mejorar la marcha, por ejemplo, necesitamos oportunidades reales de practicar los componentes de la marcha y caminar.

Si queremos mejorar la capacidad de alcanzar y manipular objetos, necesitamos trabajar tareas relacionadas con alcanzar, agarrar, soltar y utilizar el brazo y la mano.

Por eso hablamos de práctica específica de la tarea.

El cerebro necesita recibir información sobre el resultado del movimiento, detectar errores, realizar ajustes y volver a intentarlo.

Repetición, dificultad adecuada, atención, feedback y progresión forman parte del proceso.

Entonces, ¿cuántas repeticiones hacen falta para recuperar movimiento?

Aquí es donde debemos evitar dar una cifra que la ciencia actualmente no puede justificar.

No existe un número universal de repeticiones que garantice la recuperación motora después de un ictus.

De hecho, las investigaciones han utilizado dosis muy diferentes.

En estudios sobre miembro superior encontramos desde decenas hasta cientos de repeticiones durante una sesión o un día de tratamiento. También se han estudiado programas de alta repetición capaces de alcanzar aproximadamente 300 repeticiones de diferentes tareas durante una hora.

Esto demuestra que realizar muchas repeticiones puede ser factible en determinados pacientes y contextos, pero no significa que 300 sea el número que necesita todo paciente.

La evidencia más reciente continúa señalando que todavía existen dudas sobre cuál es la dosis óptima de rehabilitación para cada persona.

Lo que sí sabemos es que la práctica debe tener suficiente cantidad e intensidad y adaptarse al nivel funcional, objetivos y tolerancia del paciente.

Más repeticiones no siempre significan más recuperación

Este punto es especialmente importante.

Supongamos que una persona realiza 100 veces un ejercicio, pero a partir de la repetición 30 empieza a hacerlo mediante una compensación cada vez mayor.

¿Nos interesan necesariamente las otras 70 repeticiones?

Depende del objetivo terapéutico.

En rehabilitación neurológica no deberíamos utilizar únicamente el contador de repeticiones como medida de calidad del tratamiento.

También tenemos que observar:

  • cómo se realiza el movimiento
  • qué compensaciones aparecen
  • si la tarea sigue suponiendo un reto
  • si existe participación activa
  • si el paciente puede corregir errores
  • si estamos entrenando realmente la función que queremos recuperar
  • y cómo responde el paciente a la fatiga

Por eso una sesión de rehabilitación neurológica no debería consistir simplemente en decir:

“Haz este movimiento 20 veces”.

Tenemos que saber por qué lo estamos repitiendo.

La importancia del aprendizaje motor después de un ictus

Cuando aprendemos o reaprendemos una habilidad motora, el movimiento va cambiando con la práctica.

Al principio puede requerir mucha atención.

La persona tiene que pensar dónde colocar el pie, cuánto flexionar la rodilla, cuándo desplazar el peso o cómo iniciar un determinado movimiento.

Puede necesitar instrucciones del fisioterapeuta, referencias visuales, contacto manual o diferentes tipos de feedback.

Con la práctica, el objetivo es que cada vez necesite menos ayuda externa, sea capaz de detectar algunos de sus propios errores y pueda realizar la tarea de forma más estable.

Finalmente, determinadas habilidades pueden llegar a ejecutarse con un grado mucho mayor de automaticidad.

¿Qué significa que un movimiento sea automático?

Piensa en cómo caminabas antes del ictus.

Probablemente no ibas pensando:

“Ahora flexiono la cadera, ahora doblo la rodilla, ahora levanto el pie, ahora apoyo el talón…”.

Simplemente caminabas.

Podías hablar con otra persona, mirar un escaparate o pensar en qué ibas a hacer al llegar a casa mientras tus piernas continuaban realizando una secuencia enormemente compleja.

Eso es posible porque gran parte del control de una habilidad bien aprendida no requiere la misma atención consciente que durante sus primeras fases de aprendizaje.

Después de una lesión neurológica, algunos movimientos pueden volver a requerir mucha atención.

Uno de los objetivos de la rehabilitación es conseguir que las habilidades recuperadas sean cada vez más eficientes, estables y transferibles a situaciones de la vida diaria.

El objetivo no es hacer bien el ejercicio: es utilizarlo fuera de la clínica

Este es otro punto fundamental.

Un paciente puede realizar perfectamente un ejercicio delante del fisioterapeuta y, sin embargo, volver a su patrón habitual cuando empieza a caminar por la calle.

Por eso la recuperación no termina cuando conseguimos ejecutar correctamente una tarea dentro de la sesión.

Tenemos que conseguir transferir ese aprendizaje a contextos reales.

Caminar mientras hablamos.

Levantarnos de diferentes sillas.

Cambiar de dirección.

Caminar a distintas velocidades.

Sortear obstáculos.

Utilizar el brazo para actividades cotidianas.

Responder a situaciones menos predecibles.

La dificultad debe progresar de manera razonada hasta acercarse a las demandas que esa persona encuentra en su vida diaria.

¿Y qué ocurre cuando un día parece que hemos empeorado?

La recuperación neurológica no siempre es lineal.

Una persona puede realizar una tarea muy bien durante una sesión y encontrarla más difícil otro día.

La fatiga, el nivel de atención, el sueño, la espasticidad, el dolor, el estado general o las propias características de la tarea pueden modificar el rendimiento.

Por eso no debemos valorar la evolución únicamente por lo que ocurre en una repetición o incluso en un solo día.

En Neuremik nos interesa especialmente observar si existe una tendencia de mejora funcional:

¿Camina mejor?

¿Necesita menos ayuda?

¿Controla mejor una articulación?

¿Puede realizar una tarea que antes no podía?

¿Mantiene el resultado en situaciones diferentes?

¿Lo utiliza espontáneamente en su vida diaria?

Eso nos aporta mucha más información que saber simplemente cuántas repeticiones ha realizado.

Calidad, cantidad e intensidad: no tenemos que elegir solo una

A veces se plantea la rehabilitación neurológica como si tuviéramos que elegir entre calidad o cantidad.

No debería ser así.

Necesitamos suficientes oportunidades de práctica para favorecer el aprendizaje, pero también necesitamos que esa práctica tenga sentido para el objetivo que buscamos.

Las recomendaciones actuales apoyan precisamente un entrenamiento intensivo, repetitivo, progresivo, específico de la tarea y orientado a objetivos.

Por tanto, la pregunta no debería ser únicamente:

“¿Cuántas repeticiones tengo que hacer?”

Quizá deberíamos empezar preguntando:

“¿Qué quiero conseguir con este ejercicio?”

Y después decidir qué tarea, qué dificultad, qué cantidad de práctica y qué tipo de feedback necesita esa persona.

En resumen: ¿cuántas repeticiones hacer después de un ictus?

Si estás realizando ejercicios después de un ictus, recuerda:

Para trabajar fuerza, pueden utilizarse parámetros de entrenamiento como 1–3 series de 10–15 repeticiones, ajustando la resistencia y la dificultad a cada persona.

Para recuperar una habilidad motora, no existe actualmente un número mágico de repeticiones.

Necesitamos práctica repetitiva y suficiente, pero también:

  • una tarea específica
  • participación activa
  • dificultad adecuada
  • progresión
  • feedback
  • control de las compensaciones cuando sean relevantes
  • y transferencia de lo aprendido a situaciones funcionales

En definitiva, en rehabilitación neurológica no se trata simplemente de contar repeticiones. Se trata de crear oportunidades de aprendizaje.

Y cuanto mejor diseñadas estén esas oportunidades, más sentido tendrá cada repetición.

¿Necesitas un programa de rehabilitación después de un ictus?

Cada ictus es diferente. La localización y extensión de la lesión, el tiempo de evolución, la capacidad de movimiento, el equilibrio, la sensibilidad, la espasticidad, la fatiga y los objetivos personales hacen que dos pacientes puedan necesitar programas completamente distintos.

En Neuremik realizamos una valoración individual para identificar qué capacidades están limitando actualmente la función y diseñar el tratamiento de rehabilitación neurológica en función de los objetivos de cada paciente.

Si quieres saber qué tipo de entrenamiento puede ser más adecuado en tu caso o en el de un familiar, puedes contactar con nuestro equipo para realizar una valoración haciendo clic aquí.

Referencias científicas

1. American Heart Association/American Stroke Association (2026). 2026 Guideline for Adult Stroke Rehabilitation and Recovery.

2. Canadian Stroke Best Practices (2025). Stroke Rehabilitation Delivery Recommendations.

3. European Stroke Organisation (2025). Guía sobre rehabilitación motora después del ictus.

4. Lang CE, et al. (2015). The dosage of functional task practice following stroke. Estudio sobre la viabilidad de alcanzar altas dosis de práctica de miembro superior.

5. Revisión sobre dosis y número de repeticiones en rehabilitación del miembro superior tras ictus (2023).

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